sábado, 10 de julio de 2010

Una velada con Frederic Chopin

Frederic Chopin


Acabo de regresar de la Alianza Francesa, ubicada en San Martín cuadra 8, en nuestra bella ciudad de Trujillo, donde se ha organizado una velada y tertulia respecto a la vida y obra del genio polonés. Se convocó a un panel conformado por dos brillantes pianistas de nuestro medio, Carlos Pereda y la muy querida Laura Manucci, también se invitó a un ciudadano polaco llamado Gregorio (lamentablemente no recuerdo su apellido). Entre la las varias cosas que se comentaron, me agradó mucho comprobar cuan universal es la influencia de Chopin, especialmente en lo que al tempo se refiere. La música de este genio del piano es en extremo flexible, no tanto en su dinámica, si no en su plasticidad para aceptar las alteraciones del tempo, ya sea en rubatos o ritardandos. Vale la pena ahondar en el asunto, si es posible, virtualmente, alterar el ritmo de las obras de Chopin de diversas maneras, en teoría existen infinitas formas de interpretarlo y aun así lograr un brillante efecto. Muy pocos compositores serían capaces de lograrlo.

Veamos a estos dos titanes del teclado interpretando la misma obra.

Gran Polonesa Brillante, por Arturo B. Michelangeli

Gran Polonesa Brillante, por Artur Rubinstein (con orquesta)

Michelangi es virtuoso, disciplinado, casi nos quita el habla con su técnica tan depurada, su dinámica impecable, si hasta parece que esa obra monumental es fácil en sus manos. Rubinstein tiene una deliciosa forma de resaltar las voces, y en este video evidenciamos su grandiosa interpretación del ritmo, de las frases y de las síncopas cerca del final. La cantidad de diferencias entre ambas interpretaciones no mella el efecto final, incluso la dinámica, por veces, puede tener algunas sutiles diferencias, que serían mucho más notorias en la obra de otro compositor, por decir Beethoven.

Será talvez esas maravillosas agrupaciones de notas irregulares, que van más allá de los simples tresillos o seisillos, esos masivos grupetos de hasta 27 notas, o esas notas de paso inusitadas, que nos permiten darle toda la plasticidad posible a su música, la que se torna una materia prima pura para poder moldearla acorde a nuestros más apasionados y románticos sentimientos.

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