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martes, 28 de junio de 2011

B.M.I. Chopin Estudio opus 10 número 2


El insanamente difícil estudio 2 del opus 10

Este estudio es la maratón de la técnica pianística, el maelstrom del que uno tiene que escapar nadando, el décimo tercer trabajo de Hércules...

Es que prácticamente hay que tocar dos voces con la mano derecha, a toda velocidad realizando unas sorprendentes escalas cromáticas usando los dedos 3, 4 y 5, mientras los dedos 1 y 2 forman un acorde reforzado por la mano izquierda. Cada vez que practico los primeros 3 compases, quedo tan agotado como haber tocado 10 sonatinas de Clementi o 3 sonatas de Mozart. Ya podrán imaginar que lograr una interpretación insuperable es una tarea portentosa, y aquí los tenemos:

Freddy Kempf: Nuevamente el diestro Freddy abre esta lista, con una interpretación bastante fluida que peca un poco de resaltar demasiado la mano izquierda (ésta en realidad debe servir para resaltar la linea armónica de los acordes de la mano derecha, los que por razones obvias, son algo tenues).



Mitsuko Uchida: Esta fabulosa pianista de origen japonés ya ha engalanado estas páginas digitales, su interpretación es grandiosa, con una dinámica justa, con las escalas cromáticas fluyendo naturalmente, casi parece un racimo de semi corcheas hábilmente ensartadas unas con otras.



Vladimir Ashkenazy: Finalmente, el medallista de plata del Concurso Tchaikovsky, Vladimir Ashkenazy es un pianista de repertorio tan amplio, que solo podría ser comparado con Horowitz en ese aspecto. No conoce términos medios, habiendo grabado ciclos completos de los conciertos de Rachmaninov, Beethoven, Mozart (!) y Chopin. En esta interpretación su toque cristalino y bien pulido oculta todas las monstruosas dificultades de esta obra. Su virtuosismo queda más que probado al no parecer esforzarse más de lo necesario, pero también, su vena romántica le da ese toque tan exquisito a una obra por demás maratónica. Insuperable.


sábado, 28 de agosto de 2010

Mozart, Chopin y algunos arpegios



El concierto 19 se ha vuelto la actividad principal en mis ratos libres, ya he leido varias veces la partitura, tanto en reducción como en orquestal completa. Al sentarme al piano, me topado con la primera valla con que nos topamos todos aquellos que nos atrevemos a ejecutar la música de Mozart: los arpegios.

Fragmento del concierto 19, con arpegios saltarines y algo facilones

Un arpegio es un acorde desdoblado en sus notas, tocadas en sucesión y no al unísono. Algo fácil de definir, fácil de escuchar y apreciar, pero que a la hora de ejecutar en el piano se vuelve una tortura, un acto de la inquisición, o un quebradero de articulaciones y ligamentos. La razón anatómica fundamental es que el arpegio implica tocar, a veces en rápida sucesión notas que no se encuentran unas al lado de otras. El error más frecuente es intentar estirar los dedos para ir de nota a nota, ello pone mucha tensión en los tendones y articulaciones. La mejor manera de abordar los arpegios es tocar nota por nota moviendo la mano y todo el brazo hasta la posición natural en la que el dedo tocaría esa nota. Primero stacatto y fuerte, luego intentando dejar el dedo, con una leve rotación, y si la distancia es abismal, bueno, por algo existe el pedal, verdad.

El mejor compositor en usar los arpegios es sin duda Chopin, su estudio 1, preludio 8, o la exquisita sección intermedia del scherzo 3, son ejemplos de ello. El genio polonés no solo usa los arpegios como excusas para aderezar con una armonía fragmentaria, si no que entreteje melodías conmovedoras, que a la vez crean en sí mismas, su propia armonía. Quien sabe tocar a Mozart deba preparar a uno para poder abordar esos ríos arpegiados que se oyen tan bien en el piano cuando uno toca a Chopin.




Enlaces relacionados

Piano logia, como tocar arpegios, parte 1, parte2.

Arpegios en Wikipedia